El Castillo Oscuro: 3. Sospechas

¡Hola!
He vuelto, no me he muerto... si que he tardado bastante en subir ése capítulo, pero por circunstancias que conocerás en mi blog he estado algo ausente de escribir, pero bueno... Kath come back!

Espero que te esté gustando esta historia tanto como a mi escribirla, como sabes el siguiente capítulo lo escribirá Mia, así que sin más... ¡disfruta!





3. Sospechas:

La primera semana en el castillo fue extrañamente tranquila. Durante los largos y oscuros días esperaba a que Michael entrara en su habitación y la sacara a rastras, para hacer algún tipo de ritual o ceremonia que la llevaría a la muerte, pero por más días que pasaran seguía viva y muy bien atendida por todo el servicio. Al principio pensó que tan sólo era una forma de distraerla, por lo que siempre que le llamaba estaba alerta por cualquier movimiento o palabra sospechosa, pero él tan sólo se dedicaba a enseñarle los lugares de su nuevo hogar. Se pasaba bastante tiempo explicando cada habitación comentándole como lo consiguió e incluso lo que podía valer si alguna vez lo vendía. Más de una vez se sorprendió por la cantidad de artilugios antiguos que tenía, otras veces tenia que tocarlo para confirmar que aquello pertenecía a personas ya muertas años atrás. Él cuando hacía eso sonreía con cierto orgullo y le llevaba a otra habitación con más historia y detalles que a cualquier estudioso le encantaría escuchar. Aunque ella jamás tuvo la oportunidad de estudiar que él fuera paciente y le enseñara a leer y a escribir fue todo un detalle. Algo que le hizo cambiar de opinión sobre él y comenzar a relajarse. Pero no fue hasta más adelante que comprendió que eso fue un total error.

A pesar de que había recorrido todo el castillo, sabía por Rose, la criada regordeta y cariñosa, que aún le faltaba más de la mitad por conocer. Así que dispuesta a investigar se levantaba temprano cada mañana para recorrer los oscuros rincones de su hogar. Descubrió que detrás de los cuadros y tapices habían puertas que conducían a mazmorras, otros a rincones de la mansión que tan sólo se podían llegar a través de ahí. Una vez se terminó perdiendo en uno de los pasadizos y pensó sinceramente que su vida acabaría ahí, pero no fue así. Cuando había vuelto por décima vez al mismo lugar, comprobó que apoyado en la pared y con una sonrisa divertida se encontraba Michael moviendo entre sus dedos una pequeña y fina llave negra.

- ¿Te has perdido, querida?- preguntó sarcástico sin apartar su oscura mirada de su vestido sucio y mojado por el sudor.- Deberías pedirme ayuda en éstos momentos. ¿Sabes?- dijo mientras se acercaba a ella, sacaba un pañuelo de su bolsillo y le secaba el sudor con cuidado.- Todavía no ha llegado tu hora. - sonrió y le cogió de la mano para comenzar el recorrido que horas atrás ella había hecho.

- ¿Y como quieres que haga eso?- replicó arrugando la nariz y poniendo morros.- Ni que pudieras oír entre las paredes.- bufó molesta pero dejándose arrastrar.

-Claro que puedo.- rió sin soltarla y llevarla hasta una habitación que jamás había visto.

Se encontraba en un cuarto mucho más grande que todos los que conocía, éste tenía una enorme cama matrimonial, con un dosel de color lila, grandes almohadas y cojines, un edredón grueso cubierto por sábanas de seda de color rojo oscuro. A cada lado de la cama dos mesas de noche de madera de roble con acabados en las esquinas y grandes cajones con llave. La pared más alejada de la puerta estaba iluminada por vitrinas de colores y tapadas con unas cortinas lilas que estaban atadas con cuerdas negras. El resto de la estancia estaba adornada con cuadros, un enorme armario y una cómoda demasiado femenina para ser de un hombre. Ella se quedó mirando aquello y después le miró a él, esperando que le diera una explicación. No supo porque pero una ola de celos le cubrió el entendimiento. Quizás las mujeres que pasaron antes que ella, fueron sus amantes y como no eran suficientes las terminó echando o matando. Fuera cual fuera la opción correcta no le gustó ni un poco, pero tampoco quería mostrar ningún sentimiento de disgusto. Por muy bien anfitrión que fuera, no siempre pasaban tiempo juntos y eso que se suponía que ella era su tributo.

- Parece que no te gusta el cuarto.- dijo mientras la miraba y contemplaba como molesta se acercaba a las vitrinas y miraba el bosque que comenzaba a ocultarse en la oscuridad.

- Es tu habitación, ¿Por qué debería gustarme a mi?- farfulló aún molesta e intentando controlar sus celos que la batían como si hubiera una tormenta en su interior.

-Porque... - antes que pudiera reaccionar la tenía acorralada sobre la vidriera, mirándola y perforando sus ojos como si pudiera ver más allá de ellos.- será tu futura habitación.

Sin pedir permiso la besó. Nunca antes la habían besado, era virgen en todos los sentidos por conocer, por eso no supo que hacer cuando sintió como él le obligaba a abrir su boca para que pudiera entrar en ella. Aunque al principio le costó adaptarse a aquella violación oral pronto se relajó, sintió una mezcla de paz y satisfacción cuando sus brazos se rodearon en su cuello y el gruñó como si estuviera sufriendo. Pronto sus lenguas comenzaron a conocerse y en ese momento algo cortante le rajó la suya. A pesar del calor y la excitación el dolor fue profundo y gritó alejándose de él. Sacó la lengua y la tocó con un dedo para comprobar como su índice se manchaba de sangre. Cuando quiso mirar a Michael exigiendo una explicación éste ya no estaba en la habitación. Las dos puertas y ventanas estaban cerradas y aquel hombre grande y musculoso no podría ocultarse tan fácilmente. Aún con la herida en la boca salió de la habitación para buscarle, pero no lo encontró en ningún rincón. Caminó hasta la cocina para pedirle a Rose algo para curarle la herida, ésta al verla dio un pequeño grito y se alejó junto a todo el personal. Con voz entrecortada y ahogada le indicó donde estaba el botiquín y le pidió perdón antes de desaparecer junto a todos los demás.

Después de aquel incidente Kaysa se quedo totalmente sola en el castillo. No había alma entre los pasillos, ni el usual murmullo de la servidumbre hablar, ni siquiera Michael estaba en su despacho a esa hora. Por primera vez desde que llegó se sintió sola y con un extraño nudo en la boca del estómago... ¿Como podía la gente desaparecer tan rápido? Y lo que aún le daba más miedo ¿por qué huían de ella?

Comentarios

  1. Jojojo... Ñam ñam... ¿Se la querrá comer por Navidad? xDDDD

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    1. Posiblemente, espero que le guste xD seguro que sabe sabroso.

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  2. ¡Hola!
    me ha encantado todo lo que has escrito... pues pasaré a ver la siguiente entrada para ver como sigue jeje.
    Que tengas un buen fin de Semana,
    Un abrazo ♥

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    1. ¡Oh! Muchas gracias <3 Espero que te gusten los siguientes que vienen.
      Un abrazo

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  3. ¡Oh! Y yo no me enteré de la actualización. No sé qué será, pero el apartado de blogs que sigo no viene funcionando de lo mejor, que hay veces que no salen las actualizaciones, desconozco por qué :,D

    Me encanta Kaysa, ya me da cosita a saber qué le espera.

    ¡Un abrazo!

    Bye!

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    1. ¡Me alegro que te esté gustado! :D
      Si, yo también tengo ganas de saber que hará Mia ahora. Jojojo ahora tan sólo nos queda esperar.
      ¡Un abrazo!

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